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En estos
momentos trabajas en la Antártida, como médico y fotógrafo en la base
de San Martín. ¿Cómo es tu día a día?
Bueno, en estos días estamos preparando el relevo, así que todo es un
poco caótico, pero ordenado. Normalmente en el año hemos tenido horarios
de trabajo que han ido cambiando de acuerdo al clima y la estación.
Fuera de esos horarios, prácticamente he salido a fotografiar todos los
días.
Desde el punto de vista médico, estás de guardia las 24 horas del día,
todos los días, lo que significa que debes estar siempre disponible y
para cualquier tipo de dolencia.
Afortunadamente, se hace mucho hincapié en la prevención, y gracias a
Dios, hasta ahora hemos estado todos bien.
Desde el punto de vista de la fotografía, cuando estás en un lugar así
por todo un año, es difícil no sacar buenas fotos. El desafío fue poder
sacar fotos nuevas cada día. Diferentes. Estamos en un islote y el mar
no se ha congelado tanto como en otros años, por lo que nuestros
movimientos han sido algo limitados. Es duro despertar y ver siempre el
mismo paisaje y tratar de sacarle el jugo, variando los puntos de vista
(que no son muchos!) a los mismos glaciares, los mismos hielos... De
todas maneras, el hielo es algo que fascina y cautiva. Cuando estaba en
Buenos Aires, preparando el viaje, repasaba libros sobre la Antártida y
veía con asombro que el 80% de las fotos eran de témpanos, hielos, etc.
De más está decir a qué le he sacado más fotos, no? Es que no te cansas
nunca de ver y sorprenderte por las formas, los colores y las luces en
esas moles impresionantes.
Lamentablemente, el buceo será para otra vez. Si hay algo seguro acá es
la imprevisibilidad del clima. Dejé los buceos para la primavera y
verano, saliendo de la oscuridad del invierno, pero el mar me jugó una
mala pasada y sólo pude sacar algunas pocas fotos. Hoy por hoy, no hay
más de dos metros de visibilidad.

Algas, Canal Beagle,
Ushuaia, Tierra del Fuego.
Desde tu
experiencia personal. ¿Qué nos puedes contar sobre el cambio climático?
Todo esto del cambio climático es medio confuso, sujeto a muchos
intereses y cuando uno busca información hay muchas opiniones
encontradas. Por ejemplo, en el rompehielos nos acompañaba un científico
sueco que está en la vereda de los que piensan que en realidad no hay
tal problema. Que los cambios no son tan drásticos y que nada de lo que
sucede es en realidad sorprendente, sino que es parte de un ciclo. No
era un improvisado. Después de ese viaje, volvía a un Congreso en
Estocolmo y tenía una entrevista con el Rey de Suecia y sus asesores
sobre el tema.
Personalmente, les puedo decir, sí, que en base a lo que había leído
sobre la zona, el mar se comportó en forma muy diferente este año,
comparado con el pasado y con años anteriores (la Base San Martín está
en el Islote Barry, que forma parte de las Islas Debenham, ubicadas en
la Bahía Margarita, en la Tierra de Graham, al sur de la Península
Antártica, en su costa occidental).
Normalmente hubiéramos esperado que la bahía se congelase a fines de
mayo y permaneciese así hasta noviembre (en los '50, se congelaba en
abril y permanecía hasta diciembre, con un espesor promedio del hielo,
de 1.5m). Este año, empezó a congelarse en julio, duró un par de
semanas, se quebró, en 24hs un temporal de viento limpió las costas de
hielo y volvió el mar a como estaba antes. Esto se repitió hasta
octubre. El máximo espesor que tuvimos fue de 45 cm y el máximo tiempo
de mar congelado en forma contínua fue de aproximadamente 3 semanas. En
esos meses, siempre veíamos mar en algún lado y de hecho, no pudimos
hacer los recorridos en moto o esquí que habitualmente se hacen para
reabastecer los refugios.
Desde el punto de vista del agua, en agosto se podían ver los témpanos
desde la superficie y hasta unos 20-30 metros de profundidad. La
claridad era increíble.
Desde fines de octubre, el agua está turbia y verdosa. Habitualmente
esto ocurre a fines de diciembre y enero, con el crecimiento de algas
microscópicas (diatomeas), macroscópicas y plancton. Probablemente, la
falta del techo de hielo, que hubiera impedido el pasaje de luz y calor,
hizo que este proceso se adelantara. Esto es sin duda muy notable. Lo he
comentado con científicos de Rothera, una base inglesa a 70 km al norte
de nosotros, y suponen lo mismo.
Con la
cámara en la mano. ¿Tu mejor momento?
Me apasionan los naufragios y los grandes mamíferos, y ahora, los
grandes hielos. Se mezclan muchos recuerdos. Los naufragios en Aruba (el
Antilla!) y en Grand Cayman, y las ballenas y lobos de la Patagonia,
probablemente sean los más recordados. Mis buceos desde la costa en
Bonaire fueron también inolvidables. Bucear, comer, bucear, dormir,
bucear, comer, bucear... he llegado a rogar por un día lluvioso para
poder descansar!
La Antártida es una deuda pendiente, más allá de las fotos que pueda
hacer de aquí a mediados de febrero, en que se planea la vuelta.
¿Química o
digital?
Siempre fuí partidario de la fotografía tradicional. Si la película en
blanco y negro tiene grano, mejor! Incluso he probado procesos antiguos,
como papel salado y calotipos.
He hecho mucha fotografía estenopeica (sin lentes), y todo lo que
requiera un poco de técnica y mano, me gusta.
No creo que sean útiles las interminables disputas sobre película o
digital. Cada uno hace lo que le gusta y lo importante es el resultado.
A quién le interesa saber la marca de los óleos que usaba Rembrandt?
Más allá de eso, cada cosa tiene su ventaja y desventaja. Hasta hace
poco, una diapositiva escaneada en un escáner rotativo tenía más pixeles
que la mejor imágen digital. Hoy ya no estoy tan seguro.
E
independientemente de todo, terminamos trabajando con las fotos
digitalizadas! En eso, las digitales ya tienen un paso ahorrado.
Al venir a la Antártida, tuve que repensar todo eso y optar por lo más
práctico y seguro. He traído un poco de todo. Lo ideal con un
rollo expuesto es revelarlo cuanto antes. Acá no existía tal posibilidad
(al menos con las diapositivas), y no podía exponer un rollo y revelarlo
a la vuelta, un año después. Si bien el frío las conserva, existe el
riesgo del virado de colores, del resquebrajamiento de la película, etc.
Por otro lado, en la Antártida la atmósfera es mas diáfana. Los días de
sol hay mucho blanco y azul, con gran contraste, y en los días grises,
las montañas que veías hace una hora, han desaparecido en un manto
neutro homogéneo de niebla y nubes. Pisas y no sabes dónde pisas. La
nieve no tiene relieves. Todo se confunde. La luz engaña mucho.
La retroalimentación de las digitales es algo impagable y si estás un
año en un lugar al que te ha costado venir (en todo sentido), más vale
vuelvas con buenas fotos. Esa es la ventaja más visible de las
digitales. Yo habitualmente saco en manual, midiendo la luz con un
fotómetro puntual. A juzgar por mis decisiones en base a las mediciones,
muchas de mis fotos hubieran salido mal en película. Con las digitales
tienes la posibilidad de corregirlos en el momento. Bueno, hasta los
mejores fotógrafos de estudio toman fotos con una Polaroid para juzgar
la mejor exposición.
He sacado mucho en blanco y negro, algunas diapositivas, pero la gran
mayoría han sido digitales. Y cuando he sacado películas, comparo
siempre mi medición con el resultado digital y muchas veces he tenido
que corregir lo que me parecía correcto.
Igual, las digitales me dan cierta intranquilidad. Siempre preferí tener
las fotos en la mano. Tocarlas. Saber que están en una caja. Acá, son
sólo números! Y eso que me llevo muy bien con las computadoras (soy un
Mac adicto!)
Viajes por
lugares increíbles. ¿Qué te falta? ¿Cuáles son tus ilusiones y objetivos
a largo plazo?
Soy de soñar despierto. Tengo ilusiones desde mi infancia. Algunas han
servido sólo para empujar el carro, otras las he podido cumplir (la
Antártida, por ejemplo, aunque sea parcialmente).
Tengo un amigo boliviano-alemán, Wolfgang Leander (a quien deberían
conocer:
http://www.oceanicdreams.com
), fanático de los tiburones y la
fotografía en blanco y negro, que me espera para algún día fotografiar
juntos. Eso es algo que voy a hacer. Nunca he podido fotografiar
tiburones, y es una deuda pendiente con mis sueños más lejanos.
Volver a la Antártida con un proyecto más ambicioso de buceo y
fotografía, está definitivamente en mis planes. Me encantaría poder
meterme en el interior de un témpano o glaciar. Hay enormes cuevas de
hielo y creo que eso sería lo máximo.
Finalmente, quiero bucear en cuevas y naufragios profundos. La oscuridad
y el silencio me llaman (pasto para el psiquiatra, no?).
Vivimos una época
en la que todos los buceadores pueden hacer buenas fotos y después
retocarlas y publicarlas de inmediato. ¿Crees que terminó la época de
los grandes fotógrafos submarinos?
No, vuelvo a lo de antes. No creo que
importe mucho el medio, sino el ojo. Por supuesto, si uno es hábil con
Photoshop, puede hacer milagros, y no lo critico para nada. Más allá de
la tecnología, está el talento y la creatividad, y uno puede ser
talentoso, incluso para inventar algo salido sólo de su imaginación.
Por otro lado, es cierto. Antes te sorprendías ante una foto macro o un
tiburón o una ballena. Hoy con el turismo y la fotografía digital, es
más difícil sorprender con algo no visto.
Hoy (bueno, siempre ha sido así), para sorprender, hay que ser original.
La buena noticia es que para serlo no hay que sumergirse 80 metros, o
hacer locuras. Un ser común, haciendo algo fuera de lo común, puede
estar en la playa más cerca de casa. Ése, del que aparentemente ya
conocíamos todo, nos sorprende. Para eso hay que tener paciencia,
talento, y si hay técnica, mejor.
¿Qué opinas
sobre los concursos de fotografía subacuática en la actualidad?
Nunca me ha ido bien en los concursos, y sólo participé en muy pocos y
hace mucho. La verdad es que no conozco mucho de ellos. La competencia
siempre es buena, y si uno no se lo toma muy en serio, sea que gane o
pierda, siempre puede aprender algo.

Nudibranquio
en Canal Beagle, Ushuaia, Tierra del Fuego.
Como médico.
¿Podrías darnos un diagnóstico de los océanos?
Glup! Esa sí que no la tenía! No, no puedo. Uno no debe opinar de lo que
no conoce, no?
Puedo decir sí que (desde todos los tiempos) hay algunos hombres que
tratan de sacar el mayor provecho de la Naturaleza, de la peor manera,
sea con la caza de ballenas, la venta de aletas de tiburón, la
contaminación de las aguas por la industria, etc.
Afortunadamente, también hay hombres del otro lado, que aunque les
resulte difícil, tratan llevar la balanza para el otro lado. Se supone
que nosotros estamos de este lado, y debemos aportar nuestro granito de
arena: la fotografía puede ayudar y mucho para dar a conocer no sólo los
desmanes de los hombres, sino también la belleza de la naturaleza y sus
esfuerzos por sobrevivir pese a nosotros.
¿Qué
consejos le darías a un fotógrafo que empieza?
Primero, que se sienta cómodo bajo el agua. Imprescindible. No se puede
fotografiar mientras se piensa en el manómetro. Es como jugar al polo
(yo no juego al polo, pero supongo que es lo mismo): el jugador se
preocupa por meter la bocha entre los palos, no por el caballo.
Que lea mucho, que fotografíe mucho y que se equivoque mucho. Una foto
buena es el resultado de muchísimas fotos malas. Se necesitan hacer
muchas fotos malas para llegar a esa buena. Una foto buena en el primer
rollo (bueno, sigo con los rollos) es probablemente suerte. Nos ha
pasado a todos. Cuando fotografías todo en automático, algunas salen
bien, y te crees un fenómeno. Cuando empiezas a entender y a sacar en
manual, tus fotos empiezan a salir mal, como para pegarte un tiro. Ahí
está la diferencia. Si sabes sacarle el jugo a los errores, entonces
aprendes. Además, siempre te falta algo para que la foto sea perfecta.
Eso es como la zanahoria delante, siempre algo a qué aspirar.
A la hora de mostrar, es preferible mostrar 10 fotos buenas, a mostrar
40 fotos entre las cuales haya de todo. Hay que saber editar. Tu mejor
aliado es el tacho de basura. Yo sólo muestro mis fotos malas a mis
hijos.
Para
trabajar ¿Mejor solo o en equipo?
Eso es muy personal. Yo me siento más cómodo solo. Buceo solo y
fotografío solo y luego, edito solo. Sin embargo, reconozco que el
trabajo en equipo, sobre todo si el grupo se conoce bien, y cada uno
siente el proyecto como propio, es muy productivo. Son costumbres y
formas de ser.
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