Especial Nicaragua.
Buzos Miskitos.
Como cada día, antes de que el sol
saliera a calentar la tierra, Doña Rosa, una mujer indígena miskita de 56
años, agarró su machete, y cruzó su comunidad a oscuras, guiándose por la
tenue luz de la luna y los arboles frutales que desde pequeña había
trepado y que conocía tan bien. A su paso la saludaban los gallos con su
cantar madrugador y las luciérnagas. Se dirigía al Rio, aquel que años
atrás fue el escenario de una guerra cruel y fratricida. Al llegar a la
orilla lodosa, preparó su viejo cayuco para cruzar al otro lado. Por un
momento con el canalete en la mano, recordó cuando el rio era de aguas
transparentes hasta que de repente un día se tinto de rojo. Su madre
contaba que era por la sangre derramada en la guerra, la de los noventa,
la de los Pobres al Poder, otros decían que era por el despale atroz e
indiscriminado y el expolio de la madera preciosa que afectaba los bosques
de Rio arriba.
Cuando llegó al otro lado del Rio, ya
habían llegado otros tantos cayucos. Los reconoció todos, algunos tenían
pintura pero ninguno motor, eran de personas de su misma comunidad que se
adentraron monte adentro para preparar las tierras y sembrar el frijol.
Doña Rosa, empuño el machete y dijo en
voz alta: “Este año, sembraré un quintal de frijol, y con la ganancia que
le saque, comprare una ropita para mis nietos y repararé mi tejado de zinc
oxidado”.
Una paloma que reposaba en las hojas de
un banano, escucho a Doña Rosa y fue a contárselo al Dueño del terreno:
-“Señor, Señor, una mujer vino y dijo que iba a sembrar en su terreno”,
“-¿Y dijo mi nombre?” Le pregunto el amo y Señor de las tierras a la
paloma. -“No, no dijo nada de Usted”, –“Entonces no te preocupes…”
Al rato unos hombres blancos, los
colonos, armados y con aire amenazante, expulsaron a Doña Rosa, de las
tierras de siembra que hay al otro lado del Rio, las mismas tierras que
habían sembrado sus ancestros de generación en generación, las que
sirvieron para cosechar el café, con el que prepararon e invitaron a una
taza, al mismísimo y hambriento marino español llamado Cristóbal Colón que
apareció hace años en la desembocadura de ese Rio, y que el mismo llamó
Cabo Gracias a Dios.
Doña Rosa regreso asustada a la
comunidad, y encontró a todos discutiendo y hablando de los mismos colonos
blancos. A unos les habían pedido que entregaran un quintal de frijol por
cada tres quintales de cosecha, a otros sencillamente los expulsaron de
sus tierras de siembra, otros no habían entendido nada por no hablar
español, unos querían guerra, otros paz. Después de horas de debate, el
consejo de ancianos de la comunidad escuchó, reflexionó y anunció la
decisión de la comunidad. Negociarían con los colonos.
Doña Rosa fue a la casa, calentó un gallo
pinto, y lo sirvió a sus siete nietos con un poco de yuca. En la noche
antes de acostarse, dijo en voz alta: Mañana cruzaré el Rio y sembraré un
quintal de frijol, y con la ganancia que le saque, comprare una ropita
para mis nietos y repararé mi tejado de zinc oxidado”.
La misma paloma escucho a Doña Rosa y fue
a contárselo al Dueño del terreno: -“Señor, Señor, una mujer vino y dijo
que iba a sembrar en su terreno”, -“¿Y dijo mi nombre?” Le pregunto el amo
y Señor de las tierras a la paloma. “-No, no dijo nada de Usted”
“-Entonces no te preocupes…”
Doña Rosa, no durmió nada esa noche, por
el llanto del más pequeño de sus nietos que vomitaba y tenía gran
calentura, parecía que le estaba saliendo una infección en la piel. Tal
vez sarampión, varicela, o alguna otra cosa, pero no había medico a quien
consultar en toda la comunidad. Por la mañana busco como ir a la pequeña
ciudad llamada Waspam pero no encontró como desplazarse pues el bus solo
pasaba cada dos días por la comunidad. Intento llamar a su hija desde el
teléfono celular del pastor. Su hija mayor estaba en la capital, Managua,
trabajando en la Zona Franca, y tal vez le podía mandar algún dinero con
el que pagar el transporte y medicinas, pero Doña Rosa no sabía que en la
Zona Franca los trabajadores no pueden recibir llamadas, tampoco hablar.
Por la tarde halló una camioneta que se
dirigía a la ciudad, tardaron 4 horas en llegar pues los caminos estaban
muy malos por las lluvias pasadas. Viajaron en la tina trasera de la
camioneta, y Doña Rosa se sintió mareada por los vaivenes y golpes del
vehículo pero respondía con una sonrisa a las miradas de las otras mujeres
que también viajaban con ella, una de ellas con las contracciones pre
parto y que ahora se mojaba por la lluvia intensa que de repente caía.
En el Hospital, le costó trabajo que
atendieran a su nieto, pues Doña Rosa no tenía cédula de identidad, y
apenas hablaba español. No pudo comprar las medicinas y cremas que le
recetaron, pero otro paciente con una enfermedad parecida le prestó sus
medicinas.
Una vez en el Hospital y su nieto ya en
cama, se alistó un rincón donde dormir en el frio y sucio piso de la
habitación y dijo: Mañana cuando regresemos a casa, cruzaré el Rio y
sembraré un quintal de frijol, y con la ganancia que le saque, comprare
una ropita para mis nietos y repararé el tejado de zinc oxidado”.
La paloma que estaba en la ventana
resguardándose de la lluvia intensa, escucho a Doña Rosa y fue a
contárselo al Dueño del terreno: -“Señor, Señor, escuche a una mujer decir
que iba a sembrar en su terreno”, -“¿Y dijo mi nombre?” Le pregunto el amo
y Señor de las tierras a la paloma. “-No, no dijo nada de Usted”
“-Entonces no te preocupes…”
Por la mañana, una vez diagnosticada la
varicela, Doña Rosa buscó como regresar a la comunidad, pero descubrió que
no había gasolina en todo Waspam, porque la carretera al sur que une con
Managua llevaba varios días cortada por los trabajadores del mar, los
Buzos miskitos que protestaban por los mas de 10.000 afectados por el
síndrome de la descompresión, por los desaparecidos, los ahogados y por
las condiciones infrahumanas y de neo esclavitud con que los tiene
trabajando los empresarios de la región, con el visto bueno del gobierno
nacional y extranjeros.
Doña Rosa se encontró a una amiga por el
viejo mercado municipal. Se alegraron mucho y ella le contó que había
venido a la pequeña ciudad a matricular a su hijo en la Universidad y
estaba esperando vender un saco de naranjas que traía de la comunidad para
pagarse el boleto de regreso. Decidieron bajar al embarcadero del rio para
esperar algún cayuco que viajara rio abajo, mientras se contaban las
anécdotas del viaje se terminaron las naranjas que les parecieron muy
dulces.
Doña Rosa llegó a la comunidad cuando el
sol se estaba retirando, en el preciso momento en que los zancudos se
despiertan llorando, Doña Rosa dijo: “Mañana si Dios quiere, cruzaré el
Rio y sembraré un quintal de frijol, y con la ayuda de Dios, de la
ganancia que le saque, comprare una ropita para mis nietos y repararé el
tejado de zinc oxidado”.
La paloma que casi dormía en la rama de
un mango, escucho a Doña Rosa y fue a contárselo al Dueño del terreno:
-“Señor, Señor, escuche a una mujer decir que iba a sembrar en su
terreno”, -“¿Y dijo mi nombre?” Le pregunto el Amo y Señor de las tierras
a la paloma. -“Sí Señor, dos veces dijo, con la ayuda de Dios lo haré“.
–“…Entonces,- dijo el Dueño y Dios de este mundo- ve con la mujer, y no la
abandones, dale fuerzas cada día para levantarse sembrar, y remar, dale
Sabiduría para soportar las amenazas de sus enemigos y los que le quieren
mal, enséñale a resignarse a soportar el dolor y sufrimiento de este mundo
y dale la esperanza y la fe de que pronto heredará las tierras que tanto
quiere sembrar, y las cosechas serán abundantes y enjugaré toda lágrima de
los ojos. No habrá más muerte, ni llanto ni dolor, yo estaré con ella para
siempre. Yo seré su Dios y ella mi hija, porque yo hago nuevas todas las
cosas”.
Gabriel Juliá Pi
Vicepresidente de GPS Buceo.
Puerto Cabezas, Nicaragua
Ecos en las profundidades.
Quien nos ve, nos envidia,
pues su mente empieza a forjar historias sobre nosotros, y hemos de
aceptar que hay algo de razón en ello.
Un Buzo es por naturaleza un ser especial, dotado de un espíritu de
aventura y pasión. Es un ser afable que tiene la dureza de un mar
tempestuoso y la ternura de un niño. Y muchas cosas más, es un ser que
vive en un mundo diferente al que conocen el resto de los mortales; el
Buzo vive en su mundo azul. El Buzo vive y sueña con el buceo, aún sin
estar en el agua. Tiene la capacidad de bucear entre delfines con solo
pensarlo.
Comparten en la tierra la capacidad de los pulpos y se camuflan según su
contorno; pueden parecer grandes ejecutivos, pilotos, choferes de
autobuses, trabajadores industriales o simples empleados. Adoptan
cualquier apariencia que los haga ver como gente común, hasta que el agua
toca su piel. Entonces se transforman en seres acuáticos que comparten un
mismo ideal, EL GRAN AZUL.
Los Buzos tienen todo igual que los humanos menos el corazón. Éste es más
grande pues solo así pueden caber tantos amigos en él.
El Buzo tiene la facultad de robar la atención de quienes le rodean. Tiene
un toque de rudeza sobre sus hombros y la blandura de las esponjas en su
alma.
Tienen la cordura de un loco y la sinceridad del mentiroso. Es tan
predecible como un terremoto y sabe a ciencia cierta como programar su
vida para las próximas dos horas.
Al Buzo le basta un instante para que lo conozcan y toda una vida no es
suficiente para olvidarlo. Tiene la capacidad de preocupar a los demás con
sus buceos y se pregunta si vivir es motivo de preocupación.
Vienen en paquetes de diferentes colores y gustan de nadar donde nadie más
se atreve. Han desarrollado un instinto especial para resolver situaciones
difíciles y eso les da un aire de seguridad. Son responsables, amables,
cariñosos, versátiles y toman decisiones generalmente adecuadas.
Viven en el presente aunque a veces relatan cosas del pasado. Tienen la
facultad de hacer crecer los peces en cada relato, en especial los
tiburones, hasta que éstos no caben en la razón.
Son siempre fieles entre ellos, aún a costa de su propia vida y la palabra
desunión no está en su vocabulario. Saben piensan y creen que su compañero
de buceo no es un ser aparte, sino una extensión de su mismo cuerpo y lo
cuidan más que a sus manos.
El Buzo es un ser que ha sido ideado por el universo en las profundidades
del mar, o tal vez más allá de las estrellas. Y somos tan especiales...
como cada uno de nuestros buceos.
Buceadores.cl
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El mar no pertenece a los
déspotas. En la superficie los hombres podrán aplicar sus leyes injustas,
pelearse, destrozarse unos a otros y dejarse llevar por horrores eternos.
Pero a 10 metros de
profundidad cesa su reinado, desaparece su influencia y su poder.
Aquí solo existe la independencia. Aquí no reconozco la voz de ningún amo.
Aquí soy libre.
Julio Verne.